El pájaro perturbado

2025-03-31T15:58:03+01:0031/03/2025|

Desde tiempos inmemoriales, la leyenda de El Pájaro Perturbado era conocida en los pequeños pueblos del interior de la península.

Se decía que un ave negra como el carbón, de ojos rojos y un poder maligno, tenía la capacidad de traer desgracia con tan solo posarse sobre una casa. Nadie sabía de dónde venía ni por qué su sola presencia desataba la tragedia, pero una cosa era segura: cuando su silueta oscura se recortaba en el tejado de un hogar, la felicidad y la paz desaparecían para siempre.

El pequeño pueblo de San Rafael vivía en armonía. Sus habitantes, gente sencilla y trabajadora, se dedicaban a las labores del campo y la ganadería. Las casas de piedra y madera rodeaban una antigua iglesia situada en el centro de la plaza. Sin embargo, aquella tranquilidad estaba a punto de romperse.

Una tarde de noviembre, mientras el sol se ocultaba tras las montañas, un anciano del lugar fue el primero en ver al siniestro pájaro. Estaba inmóvil sobre la veleta de su casa, tan negro como el hollín. Lo observó con una mezcla de curiosidad y temor, pues desde niño había escuchado historias sobre El Pájaro Perturbado.

A la mañana siguiente, el pueblo despertó con una noticia aterradora: el anciano había sido hallado muerto en su cama. Sus ojos abiertos reflejaban un horror indescriptible, y su rostro estaba congelado en una mueca de espanto. Nadie podía explicarlo; era un hombre fuerte y saludable. Pero lo que más inquietó a todos fue lo que ocurrió después. Sus hijos, antes unidos, comenzaron a pelearse por la herencia con una furia inhumana. Se acusaban mutuamente de haber envenenado a su padre. Gritos, golpes y amenazas rompieron la calma del pueblo.

Esa misma noche, alguien vio al pájaro posado sobre el tejado de la familia Márquez. Hasta ese momento, aquella era una familia numerosa y feliz, pero la llegada del ave marcó un cambio drástico. María, la madre, empezó a acusar a su esposo de tener una amante. Los hermanos, que siempre habían estado unidos, comenzaron a odiarse entre sí. El más pequeño, Tomás, desapareció sin dejar rastro. Su cuerpo nunca fue encontrado, pero en el pueblo se decía que había sido asesinado por uno de sus propios hermanos.

A partir de entonces, cada vez que alguien veía al pájaro posarse sobre una casa, el miedo se extendía como una sombra. Las disputas se intensificaban y el odio consumía a las familias. Algunas casas ardieron en misteriosos incendios; en otras, los asesinatos marcaron su historia. Pero lo peor era que el pájaro no parecía tener intención de marcharse.

Desesperados, los habitantes acudieron al viejo sacerdote del pueblo. Él también conocía la leyenda y sabía que no se trataba de un simple animal. Según los relatos más antiguos, el pájaro era la reencarnación de un hombre cuyo rencor y envidia lo habían condenado a vagar eternamente, destruyendo la felicidad ajena.

El sacerdote propuso un plan: cuando el ave se posara sobre una casa, todos los hombres del pueblo se reunirían para atraparla y matarla.

Esa noche, sin luna, el pájaro apareció en la casa de los García. Un vecino lo vio y alertó a los demás. Armados con redes, palos y cuchillos, los hombres rodearon la vivienda. El pájaro permanecía inmóvil. Cuando el primero de ellos se acercó con la red, el ave soltó un chillido escalofriante. En ese instante, una fuerza invisible sembró la discordia entre los hombres: comenzaron a discutir, los insultos se convirtieron en golpes, y los golpes, en asesinatos. Al amanecer, solo uno de ellos seguía con vida.

Juan, el herrero del pueblo, había logrado resistir la influencia maligna del pájaro. Con la mente fría, alzó un hacha y la lanzó con todas sus fuerzas. La hoja atravesó el cuerpo del ave, partiéndolo en dos.

El pueblo quedó en silencio. Los cadáveres de los hombres yacían por todas partes… todos, excepto el del pájaro.

Por un tiempo, San Rafael volvió a la calma. Las familias supervivientes intentaron reconstruir sus vidas. Pero un día, Juan comenzó a sentir pensamientos oscuros. Sus discusiones con su esposa se volvieron violentas, como si algo dentro de él estuviera creciendo.

Una noche, ella despertó y lo vio sentado en la oscuridad. Sus ojos brillaban con un rojo incandescente.

El Pájaro Perturbado nunca había muerto. Solo había encontrado un nuevo cuerpo. Y la maldición… continuaba.

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